Tras la implantación de las limitaciones de movilidad impuestas por el Gobierno para frenar la expansión de contagios, el primer día laborable ha dejado imágenes de vagones de metro y andenes llenos en la hora punta.

En el mismo decreto en el que se impusieron las restricciones, en las que se establecía ir a trabajar como excepción, también se redujo la oferta de los transportes públicos, excepto en cercanías, hasta la mitad. Sin embargo, ha provocado excesivos tiempos de espera y la imposibilidad de mantener la distancia de seguridad dentro de los trenes en el primer día laborable del estado de alarma.

La secretaria general de Transportes, María José Rallo del Olmo, ha reconocido “que ha habido algún problema operativo específico que ha hecho que en algún tren concreto haya habido cierta sensación de aglomeración. Es inevitable que haya ciertos problemas operativos de cuando en cuando, pero se está trabajando para solucionarlos”.

Mientras que Ángel Garrido, consejero de Transportes, ha declarado que ha habido problemas puntuales pero que “todo el mundo evite coger el transporte público en la medida de lo posible”.

También se ha repetido la imagen en otras ciudades como Barcelona, en la L-5 o la L-1, y Bilbao, donde se han reducido los servicios al 50%. Tras las horas punta, las estaciones y vagones han quedado prácticamente vacíos y el número de viajeros baja cada vez más estos días a pesar de las aglomeraciones en los picos de afluencia.