A pesar de que el gigante del turismo Thomas Cook ya venía mostrando en los últimos años la posibilidad de quiebra, no impidió a sus ejecutivos llevar a cabo métodos contables y estrategias comerciales que les permitieron embolsarse en los últimos 12 años hasta 40 millones de euros en forma de bonus. 

Ahora, tras su quiebra, el Gobierno del Reino Unido debe llevar a cabo la repatriación de alrededor de 150.000 turistas y deberá afrontar el rescate a través de las arcas públicas, lo que podría costarle más de 100 millones de euros. Ante esta situación, que no sólo está provocando grandes consecuencias en Reino Unido, sino que también en aquellos países en los que la compañía tenía sedes y miles de trabajadores contratados (como es el caso de España), se destapa lo que ha estado ocurriendo durante los últimos 12 años por parte de los ejecutivos. 

Manny Fontela-Novoa, impulsor de la expansión de la compañía y causante del despido de 2800 trabajadores por la fusión con MyTravel, obtuvo 17 millones a través de bonus extra. Harriet Green, su sucesora y directora del gigante turístico cuando fallecieron dos niños en uno de sus complejos por inhalación de monóxido de carbono, se embolsó también 10 millones, de los cuales donó una tercera parte para limpiar su imagen tras lo sucedido. También Peter Frankhauser, último director de Thomas Cook recibió hasta 4 millones en forma de complementos. 

Tras lo sucedido, y con estos datos conocidos públicamente, el Gobierno de Reino Unido ha iniciado una investigación exprés para estudiar las cuentas económicas de la empresa. Sin embargo, además de ésta, la Comisión de Economía del Parlamento y la Autoridad Financiera pretenden abrir otra investigación en la que se comprueben no sólo estos pagos a los altos cargos, sino también las auditoras (EY y PwC) que controlaban las prácticas contables, la política de retribuciones y la estrategia financiera de la compañía.