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Fuente: Rolando Andrade Stracuzzi

Tras muchos meses de protestas y sufragios, ayer se votó por fin en el Senado argentino la aprobación de una nueva ley para la completa legalización del aborto. El presidente Macri habilitó por primera vez el debate sobre la irrupción voluntaria del embarazo, a sabiendas de que la Cámara Alta está fuertemente dominada en el país por la religión, lo cual dificultaría el proceso de aprobación de la nueva ley.

Como se esperaba, y a pesar de las movilizaciones que se han estado celebrando desde el pasado 14 de junio en todo el país a favor del “sí”, la Cámara Alta tumbó ayer la nueva ley con 38 votos negativos, 31 a favor y dos abstenciones. De esta forma, el Senado ha rechazado el proyecto que legalizaría el aborto hasta la semana 14 que había aprobado la Cámara de Diputados en junio, lo que supone que la irrupción voluntaria del embarazo continúa constituyendo un delito penado con hasta cuatro años de cárcel.

La ley vigente, que data de 1921, sostiene que el aborto sólo será legal en caso de violación o de que la madre se encuentre en peligro de muerte.

Los partidarios del “no”, como el senador Esteban Bullrich, ex ministro de Educación del presidente Macri, argumentan que el embrión posee derechos constitucionales desde el momento en que es concebido. Todo esto se hace en un país en el que cada minuto y medio se calcula que se realiza un aborto, la mayoría de manera clandestina. Según estimaciones extraoficiales, entre 350.000 y 450.000 mujeres abortan cada año en el país austral de forma clandestina, lo que supone un riesgo para su vida, sobre todo para las mujeres con menos recursos, que recurren a métodos peligrosos como agujas de tejer, perchas o sondas.

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