Según afirma el FMI, de los 40 billones de dólares que las empresas invierten en el extranjero, al menos un 40% (es decir, 15 billones) se llevan a cabo en países en los que pagan menos impuestos, entre los que destacan Holanda y Luxemburgo, los cuales suman la mitad de esta inversión “fantasma”. 

Las grandes compañías, a través de la globalización de la economía, utilizan la denominada ingeniería fiscal (técnicas legales que les proporcionan ventajas fiscales) para conseguir la elusión o la rebaja en el pago de los impuestos, y así lo demuestra el Fondo Monetario Internacional en su informe publicado este mes. Dicho informe, se centra en estas inversiones fantasma que han crecido de un 10% en diez años y que son aquellas operaciones llevadas a cabo por las multinacionales a través de la localización de sus sedes en diferentes países.

No obstante, el 85% de estas “empresas instrumentales” se localizan en 10 países, encabezados por Luxemburgo (con una inversión extranjera de 3’45 billones de euros) y Holanda (con 3 billones de euros). Sin embargo, a pesar de ser los países europeos favoritos de las empresas del Ibex 35 (que tienen como países favoritos Irlanda, Luxemburgo, Suiza y Holanda) y concentrar la mitad del dinero que se mueva en el extranjero, la Unión Europea no los incluye en su “lista negra”, en la que solo aparecen señalados los países externos a la comunidad europea (Hong Kong, las Bermudas, Singapur, Islas Caimán y Mauricio…). 

Cabe señalar que, para que las empresas españolas eviten problemas con Hacienda, tan sólo es necesario demostrar que se cuenta con una filial en otro país y que se tiene actividad real. Por ello, la ilegalidad de los paraísos fiscales radica en utilizar esos territorios de modo que se oculte al verdadero titular de los bienes, inmuebles, etc. con el objetivo final de blanquear el dinero o defraudarlo.