Los agricultores de los campos españoles ingresan los beneficios de sus producciones hasta 6 meses más tarde desde el momento en el que ellos las sacan a la venta. Estos ingresos son, en la mayoría de las ocasiones, un 10% del precio de venta final.

Un estudio de la organización agraria COAG, denominado Índice de Precios Origen-Destino (IPOD), se puede observar cómo los productos sufren un aumento de su precio de entre seis y quince veces, desde que sale de las fincas del agricultor hasta que se pone a la venta en las tiendas.

Un ejemplo de ello, aportado por Eloy Senar (agricultor de Huesca), son los melocotones que a él se le pagan a 17 céntimos el kilo, mientras que al llegar al punto de venta alcanzan hasta los 2,40 euros, lo que supone que el precio se ha sextuplicado.

Además, Eloy los saca a distribución en julio y no cobra hasta enero. Las cadenas de distribución y las de venta son quienes se embolsan la mayor parte del negocio de frutas, verduras y hortalizas que se comercializan, mientras que los agricultores no ven el aumento de sus ingresos a pesar de que puedan tener certificados de calidad.

Cabe señalar que los productos ganaderos como la carne no sufren subidas tan elevadas en comparación con las frutas y hortalizas, aunque entre el momento en el que sale la carne de las granjas y el momento de su venta también se llega a cuadruplicar su precio, como sería el caso de la ternera.