Los últimos movimientos en el tablero de ajedrez del imperialismo.

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En los últimos meses se ha podido comprobar cómo los dos principales bloques económicos mundiales -EE.UU y el Chino-Ruso- han empezado a mover sus fichas con una mayor rapidez y con unas tácticas cada vez más agresivas que se acercan a una encrucijada a la que las soluciones que se les presentan son cada vez más catastróficas.

Con sus últimos movimientos la potencia estadounidense ha dejado más que claro al resto de sus competidores que no va a permitir que ninguna de ellas se atreva tan siquiera a mencionar que puede arrebatarle el puesto de primera potencia económica y militar que lleva ostentando desde hace ya más de medio siglo. Todo ello tras la sombra del gran bufón presidencial Donald Trump. Este títere que recibe las atenciones de todos los medios de comunicación  por sus estrafalarias actuaciones, es la marioneta perfecta de las grandes empresas y monopolios estadounidenses que se encuentran entre bambalinas.  Resulta patético cómo los grandes medios de comunicación no llegan a comprender (o, mejor dicho, no quieren comprender)  que si Donald Trump ha llegado a ser presidente de la primera potencia mundial ha sido precisamente porque era el candidato que mejor representaba la actitud agresiva que pretenden llevar los grandes monopolios que dominan el país, actitud que se refleja de una manera totalmente nítida en su lema electoral “Make America great again”.

En este último mes hemos podido ver cómo el gran bufón ha realizado “grandes actuaciones” en la palestra internacional. La primera de ellas, la actitud en la cumbre de presidentes de Gobierno de la OTAN, donde, cual abusón, ha intentado coaccionar y chantajear a los países europeos, exigiéndoles un mayor porcentaje de gasto militar para las próximas intervenciones que darán lugar en un futuro próximo, a la par que la creación de nuevas bases militantes en Oriente próximo.

La cumbre, y ello es reconocido por todos los grandes medios de comunicación, se ha presentado como la más tensa que se recuerdan entre los “aliados”.  Sin embargo, ninguno de ellos ha sido capaz descifrar el por qué de ello. Bien es cierto que nuestro querido títere ha utilizado un nuevo lema tan claro y directo como contundente, y que sin duda abanderará sus siguientes actuaciones: o con los Estados Unidos de América o contra ella.

Pero este análisis es totalmente unilateral. Que los Estados Unidos hayan lanzado este órdago tiene una causa clara: los países europeos ya no aceptan que se les trate como subordinados, sino que exigen que se le reconozcan como lo que son, un bloque económico y militar que, a pesar de su alianza, ha demostrado en las últimas dos décadas  que no va a defender a ultranza los intereses de su progenitor, si ellos contrarían a los suyos propios. Esta actitud por parte del bloque Europeo es la causa principal por la que Estados Unidos se ha visto obligada a cambiar su táctica con sus grandes aliados.

Al otro lado del mundo, el otro gran bloque –chino-ruso- no ha permanecido de brazos cruzados, si no que, por el contrario, ante la agresividad de su competidor ha decido hacerle frente con los mismos métodos.

En las últimas semanas, este bloque ha movido ficha para aumentar su control sobre Asia y el Oriente Próximo.  Con la celebración de VIII Foro de Cooperación Económica Chino- Árabe ha aumentado su dominio económico sobre la región y no contento con ello ha anunciado la creación de una nueva organización interbancaria china-árabe con un capital de 30.000 millones. En Asia han profundizado los acuerdos económicos y militares con los países de la Organización para la Cooperación de Shanghái y se han propuesto realizar el mayor acuerdo comercial del mundo, en lo que a volumen de cifras se refiere, con casi el total de los países que conforman el continente asiático.

Esta política agresiva basada en una respuesta de mayor intensidad ante las acciones de su competidor ha llevado a la inevitabilidad de un enfrentamiento directo entre ambas potencias económicas. Así, hemos podido saber en las últimas semanas que ambos países han impuesto medidas arancelarias a las mercancías de su competidor, medidas que por su volumen, y por el hecho que parecen nada más que el inicio de una carrera comercial entre ambas potencias, van a generar graves secuelas en la economía mundial.

Resulta difícil predecir hasta qué nivel de intensidad están dispuesto a llegar en un futuro próximo estos bloques imperialistas, pero lo que si resulta más que evidente es el hecho que las consecuencias de esta guerra entre bloques serán descargadas, una vez más, en la espalda de los trabajadores.

Rafael Herrero

 

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