El pasado domingo el Ministerio de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí publicaba una foto de el Rey emérito Juan Carlos I saludándose afablemente con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salmán.
Esta estampa se producía en el palco de autoridades del circuito Yas Marina de Abu Dabi, Arabia Saudí. Acudía Juan Carlos I, acompañado de su hija, la Infanta Cristina, distanciada de la familia real tras el notable deterioro de su imagen a raíz del escándalo del caso Nóos. En estos momentos el marido de la Infanta se encuentra en una prisión de mujeres, medida excepcional y ligada a su estatus como cuñado del monarca.
Se ha suscitado una gran controversia a raíz de esta foto, debido al contexto en el que se ve envuelto el príncipe heredero saudí. Recordemos que la CIA le ha señalado como responsable de la orden de asesinar al periodista Jamal Khashoggi, contrario al régimen fascista saudí.
Además, cabe señalar los sucesos acaecidos recientemente en relación al papel de Arabia Saudí en la guerra de Yemen, que en un intento de ser aprovechado por el gobierno de Pedro Sánchez para agradar a la opinión pública, condujeron finalmente a la patética rectificación de Sánchez ante la presión económica de Arabia Saudí sobre España.
La Casa Real y la Moncloa se han negado a criticar esta fotografía, que condensa en un instante que la buena relación que han desarrollado la monarquía y los sucesivos gobiernos españoles con la dinastía saudí, no ha desaparecido.