Menores maltratados psicológica y físicamente son el día a día de los centros de menores. Numerosos abusos (supuestamente legitimados por el bien de los menores) se realizan dentro de los centros:

“En Picón del Jarama, cuando era gestionado por O’Belén, las niñas me llegaron a contar que algunos educadores les ofrecían salir del centro a cambio de tocamientos y de favores sexuales”, relata un especialista en el tema (Julio Rubio).

Una práctica usual son las llamadas “contenciones” que consisten en sujetar físicamente o mediante ataduras a un menor al suelo.

Trabajadores del centro de reforma Tierras de Oria, en Almería, grabaron en el 2015 uno de estos episodios de violencia contra los menores. Estos trabajadores, van a enfrentarse a penas de entre 3 y 5 años de prisión.

Mediante la excusa de la “intimidad del menor”, persiguen e incluso reprimen a cualquier persona que denuncie estas situaciones. Esto no se debe a educadores sádicos, sino a unos métodos no orientados hacia la educación o la reinserción social de los menores. La realidad es que los centros de menores son en su mayoría privados, y son explotados por empresas con voluntad de lucrarse rápida y fácilmente de estos centros.