La represión y la persecución contra los manteros continúan en España. A las duras condiciones que se enfrentan para poder sobrevivir, se enfrentan a una justicia y policía racista, que los discrimina por su condición de negros pobres, que los tratan como delincuentes cuando lo único que hacen es sacarse la vida como pueden, y más honradamente que otros muchos que se dedican al tráfico de drogas o a la trata.

En este caso, la Fiscalía pide hasta cinco años de cárcel a siete manteros, en un juicio que comenzará el próximo martes en la Audiencia de Barcelona, por el motivo de falsificar bolsos, gafas y zapatos, y venderlos posteriormente por la ciudad de Barcelona, bajo el pretexto de “delito contra la propiedad intelectual”. Cabe destacar que esta pena es sustituible por su expulsión de España, y que además les reclaman indemnizaciones de 40.000 euros (algo que ya sabe la justicia misma de la irrealidad de esta reclamación).
Es de remarcar también que entre los siete acusados se encuentra uno de los portavoces de los vendedores ambulantes de Barcelona, un movimiento que, si bien se encuentra en su fase embrionaria y de forma todavía poco organizada, consiguieron crear un sindicato y luchar de forma más coordinada entre todos los manteros.

Además, la Fiscalía solicita que la expulsión sea realizada “en el plazo más breve posible, y en todo caso dentro de los treinta días siguientes”, y ha pedido prisión preventiva para los acusados mientras se realice el trámite. No conformes con eso, ha pedido que en caso de no ser posible la expulsión, los manteros sean encerrados en CIEs (Centro de Internamiento de Extranjeros), unos centros más duros incluso que la cárcel, donde las vejaciones, humillaciones, malos tratos etc., contra los inmigrantes son constantes.

Este caso no es más que una persecución sistemática contra los manteros, y más graves aún, en supuestos ayuntamientos del cambio como Madrid o Barcelona, que mientras los partidos que gobiernan dichos ayuntamientos se llenan la boca de apoyo a los refugiados, tratan como basura a los inmigrantes que se buscan la vida en estas ciudades. El caso más sonado fue cuando el pasado marzo, un vendedor ambulante, Mame Mbaye, murió por un paro cardíaco, mientras era perseguido por la Policía Municipal de Madrid en una nueva redada.