Desde el pasado domingo 12 de mayo, las empresas están obligadas a controlar el tiempo de trabajo de sus empleados. Para hacerlo, los trabajadores deben fichar al inicio y al final de la jornada laboral, de forma que se pretende acabar con las excesivas horas de trabajo que los empresarios obligan a los empleados a cumplir sin retribuirles.

A pesar de que las empresas han tenido dos meses para adaptarse a la medida, parece que a muchas les ha cogido por sorpresa y llegan mal preparadas para hacer frente a esta nueva medida. Por ello, tan solo un día después de entrar en vigor la normativa, ya se han sucedido las primeras denuncias por fraude. Y es que, parece ser que una gran cantidad de empresas hacen trampas a la hora de aplicar esta ley, pues obligan a sus trabajadores a firmar en papel unos horarios falsos, predeterminados, que no reflejan las horas que realmente estos han trabajado, reluciendo que este mecanismo de control es insuficiente, pues los empresarios se las ingenian para encontrar la forma de continuar sacando el máximo beneficio económico a costa del trabajador.

Esta medida se pone en marcha por la enorme cantidad de horas gratis que realizan los trabajadores españoles. Por ejemplo, en el segundo trimestre del año pasado, prácticamente la mitad de las horas extras que se realizaron no fueron retribuidas. Exactamente, el 44% de las horas extras que se realizaron en ese periodo no fueron retribuidas ni tampoco compensadas de ninguna otra forma. Además, el número de horas extras trabajadas alcanzaba en ese momento su máximo en la última década con 6,8 millones de horas extras realizadas de media a la semana. Este número de horas extras trabajadas equivaldría a 170.600 puestos de trabajo a jornada completa (40h/semana).