El desplome sin precedentes en el precio del petróleo, que ha llegado a cotizar en negativo, augura una grieta en el sistema financiero mundial de consecuencias imprevisibles.

La situación ya era peligrosa antes de la crisis sanitaria, con datos de la Energy Economics and Financial Analysis que indican que el año pasado las firmas del fracking no pudieron pagar 26.000 millones de dólares de deudas, pero la pandemia de COVID-19 y su impacto sobre EEUU y todo el mundo augura un golpe a las petroleras y el consecuente impacto en las entidades financieras.

La consultora Rystad Energy estima que incluso si el barril recuperara los 20 dólares, 533 firmas estadounidenses del petróleo podrían declararse insolventes en el 2021. Pero si los precios se quedan en 10 dólares, podría haber más de 1.100 quiebras, prácticamente la totalidad de las compañías. “Es una pesadilla total”, dijo lamentándose Artem Abramov de Rystad.

La bancarrota dejaría sin opciones a las entidades bancarias estadounidenses, que son las que más han invertido en este sector, llegando a los 713.300 millones de dólares.

Ante la alarma los países que conforman la OPEP, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros productores como Rusia, se reunieron en una videoconferencia durante el día de ayer para “poner en común sus pensamientos sobre la cuestión”.