Evo Morales deja la presidencia en Bolivia tras 13 años de mandato, forzado por la profunda crisis política desatada en el país. Según él, “Bolivia está viviendo un golpe de Estado”.

“Es un golpe racista que reprime a los originarios y un golpe fundamentalista encabezado por la oligarquía y organizaciones religiosas” declara una activista bolivariana en un comunicado.

Varias fuentes declaran que los golpistas armados bajo el mando de Fernando Camacho están quemando sedes de organizaciones sociales y socialistas, de organizaciones de indígenas y de campesinos; y se está persiguiendo a los líderes de organizaciones sociales, indígenas y del Movimiento al Socialismo. Parte de la policía ha dejado de actuar a los “golpistas” en las ciudades, según narra una joven activista, y varios militares habían declarado el desacato al presidente Evo Morales, declarando que no van a actuar ante las protestas y la violencia que se está viviendo en el país, a la cual Evo Morales llama “golpe de Estado”.

Los militares en Bolivia habían visto como insuficiente la convocatoria a nuevas elecciones que había hecho el gobierno este mismo domingo en horas de la mañana, tras las “irregularidades” detectadas por una auditoría de las elecciones hecha por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Días antes, numerosas unidades policiales habían declarado un “motín” en protesta contra el gobierno.Tras el anuncio de la dimisión de Morales, y después de que sus detractores salieran a festejar la decisión, sus partidarios tomaron las calles para protestar.

Tras la renuncia, Marcelo Ebrar, el secretario de Relaciones Exteriores de México declaró que el país había acogido a 20 miembros del antiguo gobierno boliviano y que también ofrecerían asilo a Morales.