De acuerdo con un informe publicado el pasado jueves 27 de septiembre por Oxfam Intermón, titulado “Voces contra la precariedad: mujeres y pobreza laboral en Europa”, las mujeres españolas están obligadas a trabajar alrededor de 52 días más al año para cobrar lo mismo que los hombres. En el resto de Europa, se estima que las mujeres ganan de media un 16% menos que los hombres.

Los sectores más vulnerables los conforman las mujeres trabajadoras migrantes y aquellas madres que se hallan en situación de criar a sus hijos solas. En el informe elaborado por Oxfam Intermón se señala también que la mayoría de los individuos que forman parte de la población con salarios más bajos son mujeres, tanto en España como a nivel europeo.

A esta precariedad laboral sería necesario añadirle la inmensa cantidad de mujeres que realizan trabajo doméstico para terceras personas o para su propia familia sin que conste como trabajo propiamente dicho. De acuerdo con los informes más recientes, se estima que en España el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres alcanzaría el 27% del PIB.

Es decir, comprobamos cómo las mujeres trabajadoras, a pesar de los supuestos avances recientes, siguen sufriendo una preocupante doble explotación, viéndose expuestas a un constante aumento de la precariedad en sus lugares de trabajo y viéndose al mismo tiempo relegadas a la realización de labores domésticas y de cuidado totalmente gratuitas.

Incluso dentro del trabajo regulado, vemos que siguen siendo la asistencia social, el cuidado infantil y los servicios limpieza los sectores en los que la mujer tiene un papel más predominante, siendo al mismo tiempo bastante más precarios. Los datos son aplastantes: en España, el 55,8% del trabajo del hogar lo realizan mujeres, así como el 87,9% del trabajo de cuidados.

En estas condiciones de trabajo invisible, de labores domésticas no remuneradas, de continua precariedad, de un mayor riesgo de sufrir pobreza, de brecha salarial, las mujeres trabajadoras son las que sufren un mayor impacto. El perfil más vulnerable es bastante claro: mujeres migrantes, jóvenes y madres de familias monoparentales.

A pesar de los esfuerzos que se proclaman desde las instituciones por alcanzar la igualdad, que nada tiene que ver con el número de ministras que figuren en un gobierno, la realidad de la gran mayoría de mujeres continua siendo una realidad de pobreza, explotación, invisibilidad y miseria.