Del total de la población mundial, una cuarta parte se enfrenta al estrés hídrico extremo, es decir, la disponibilidad que tiene de agua no le llega para suplir su demanda, lo que muestra el grave problema estructural y que se diferencia de otros problemas puntuales como podría ser la sequía.

Este dato, proporcionado por el Instituto de Recursos Mundiales (Aqueduct), advierte que 17 países se encuentran en una situación “de estrés hídrico extremo”. De ellos, 12 pertenecen a la denominada zona MENA, que alude a Oriente Medio y norte de África.

Encabezando la lista de dichos países se encuentra Qatar, el cual está viviendo la peor sequía de los últimos 900 años (según datos de la NASA), ya que la media de consumo en el país ronda los 400 litros por día. No obstante, el emirato es capaz de abastecerse a través de la desalación ya que tiene la capacidad para hacer frente al gasto de energía y dinero. Siguiéndole sitúan a Israel, encontrándose en una situación bastante similar a la de Qatar, con una renta per cápita elevada.

A continuación, les sigue el Líbano, un país pequeño que ha duplicado su población por la llegada de refugiados de otras regiones y que se diferencia de los anteriores por sus rentas mucho más bajas y por no tener la capacidad de respuesta. Los siguientes, en orden, son Irán, Jordania, Kuwait, Arabia Saudí, Eritrea y Emiratos Árabes, entre los cuáles encontramos países ricos y con abastecimiento de petróleo con un consumo hídrico muy elevado y también con capacidad de desalación. Cabe señalar que, de la capacidad instalada de desalación de agua, la mitad se localiza en la región de Oriente Medio y el norte de África.

Siguiendo, encontramos San Marino, al tratarse de un territorio pequeño y con poca disponibilidad de agua; Baréin, también de la zona MENA; la India, con grandes problemas de cantidad y calidad en su agua; Pakistán, con importantes disputas con la India por el agua; Turkmenistán, que se trata de un país con mucha actividad minera, de hidrocarburos y agrícola y con una economía emergente; Omán, de la región MENA; y, finalmente, Botswana, en el cual la demanda crece a un ritmo muy superior a su disponibilidad, además de que no tiene los recursos económicos suficientes para invertir en tecnología.