La necesidad de descanso de la rutina laboral se ha convertido en un lujo en nuestro país. 

El artículo 24 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce que, “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”. Sin embargo, en España, una de cada cuatro personas no puede permitirse salir a descansar fuera de sus hogares por el coste económico que supone.

Según la última encuesta de condiciones de vida realizada por el INE (Instituto Nacional de Estadística), 17 millones de personas (36% de los hogares españoles) en este país no han podido ni podrán permitirse disfrutar este verano del derecho a unas vacaciones fuera de casa. Aun así, existe una pequeña mejoría en los últimos años, ya que en el año 2013 la cifra alcanzaba el 48% de los hogares españoles.

Además, el periódico La Vanguardia recoge el testimonio del sociólogo Óscar Iglesias Fernández, quién afirma que lo más preocupante es la imposibilidad de muchos jóvenes, entre 16 y 26 años, de poder viajar. “Un 46,4% de ellos no puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año, cuando viajar es una de las actividades fundamentales que deben realizar en un mundo tan cambiante e interrelacionado como el actual”, afirma Iglesias. Cabe destacar también que un estudio de American Express revela que la tradición de pasar fuera de casa un mes de vacaciones es ya historia. Esta opción, muy común décadas atrás, sólo pueden permitírsela en estos momentos un 5% de los españoles. 

Diferentes expertos coinciden en que las vacaciones, más que un lujo, son necesarias y deberían de ser obligadas porque aportan beneficios para la salud. Y no es tan importante la duración como el hecho de que esa interrupción de la rutina laboral sea aprovechada para desconectar. Una persona puede recargar pilas en una semana y otra no conseguirlo en un mes si no se ha producido la desconexión. Un estudio realizado en la Universidad de Rockies (Colorado) concluye que los beneficios de las vacaciones, cuando se es capaz de desconectar, son máximos cuando abarcan al menos diez días seguidos.