La trágica semana de sucesos daba comienzo con el fallecimiento de dos operarios el lunes en Gipuzkoa: En Zestoa, la víctima era un hombre de 50 años, natural de Marruecos, que sufrió lesiones de carácter muy grave tras ser golpeado por un árbol mientras realizaba labores de tala forestal en un pinar afectado por la enfermedad de la banda marrón. Al lugar acudieron sanitarios de una unidad médica que, pese a las maniobras de reanimación que se le practicaron al trabajador, no lograron que recuperara el pulso

El segundo de los accidentes mortales tuvo lugar en una construcción de villas en la zona conocida como Añorbe Bidea, en Zarautz. El trabajador cayó desde una altura de unos treinta metroscuando se hallaba encaramado a una grúa. El empleado de 31 años, natural también de Marruecos, realizaba labores de revisión cuando, de manera sorpresiva, la estructura comenzó a inclinarse hasta que finalmente terminó por desplomarse.

A lo largo del miércoles se produjeron los dos accidentes restantes, en Bizkaia: Un hombre de 46 años, vecino de Bilbao, fallecía en la fábrica de Aceros Inoxidables Olarra, en Loiu. Albañil de profesión y subcontratado de la empresa Beroa, se encargaba de colocar ladrilllos refractarios en un depósito de acero fundido denominado “cuchara”. En el momento del accidente, manipulaba un palé de ladrillos con una carretilla y por razones que se investigan, la carga se le cayó encima. Los servicios de emergencia no pudieron hacer nada por salvar su vida.

En cuanto al segundo siniestro laboral del miércoles, un conductor fallecía en la subida al alto de Barazar en un gravísimo accidente entre dos camiones. Dos trailers que circulaban por la N-240, a su paso por Zeanuri, colisionaron por causas que se desconocen. Tras el choque, ambos vehículos se vieron envueltos en llamas. El otro conductor fue trasladado en helicóptero al hospital, donde se encuentra ingresado pero fuera de riesgo.

Compañeros de trabajo, sindicatos y el Instituto Vasco de Seguridad Laboral, Osalan, han coincido en señalar el caracter trágico de unos sucesos perfectamente evitables. La excesiva temporalidad en los contratos impide que las empresas puedan realizar un trabajo de formación adecuado con sus empleados. Este factor, sumado a la creciente precariedad en las condiciones laborales, se ha convertido en un coctel explosivo, que se ha cobrado la vida de 18 trabajadores en el País Vasco en lo que va de año.