Según un reciente estudio, la mayoría de los universitarios pertenecen a la clase alta.

El estudio Via Universitària, impulsado por la Xarxa Vives d’Universitats, ha publicado los resultados de un estudio realizado en universidades de habla catalana a unos 50 000 estudiantes, que refleja la realidad de los hijos de las clases sociales más bajas.

Según este estudio, la clase alta es la mayoritaria en los grados universitarios: el 55% en los grados y el 58% en los másteres; mientras que la clase social baja es la que menos representación  tiene en ambos casos, suponiendo solo el 11% del estudiantado.

Nada más lejos de la realidad, estos porcentajes demuestran la separación de clases de nuestra sociedad, reproduciendo cada uno el papel que juega en esta. Los hijos de los obreros tienen menor acceso a la universidad, ya que por razones económicas no pueden permitirse costear los altos gastos que suponen los cuatro años de carrera, entre otros muchos problemas sociales que acarrea la falta de recursos.

De nada vale el argumento de que si estudias podrás mejorar tu calidad de vida, si ni siquiera se tiene esa posibilidad de estudiar. La universidad, como cualquier otra superestructura del capitalismo, es un reflejo de la sociedad, y como tal reproduce sus desigualdades y las perpetúa.