Libia a nivel histórico siempre ha sido un país de inmigrantes, atraídos por unas oportunidades de empleo que superaban a las de otros países africanos.

Miles de personas se trasladaban con la intención de empezar una nueva vida, a tenor de lo que cuenta este colectivo ahora sobre situaciones de pobreza, inseguridad o falta de comida.

La OIM ha desarrollado un estudio junto con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) que analiza el perfil de estos inmigrantes, por medio de entrevistas personales realizadas a un total de 2.545 personas de 22 regiones diferentes, junto con otros 10.029 cuestionaros rellenados en Internet entre enero y mayo de este año. Las entrevistas cuentan con personas de 36 países distintos.

Hasta que se derrocó el régimen de Muamar Gaddafi, en la revolución de 2011, Libia daba empleo a unos 2,5 millones de ciudadanos extranjeros. La mayoría de estos afectados por la nueva situación política optaron por abandonar el país mientras reinaba aún el caos más absoluto, pero la Organización Internacional para las Migraciones estima que aún hay unos 650.000 -según datos de julio-, en su mayoría procedentes del África subsahariana.

Las razones económicas destacan por ser el principal motivo por el que se efectuaron estos traslados, que también se atribuyen en parte a cuestiones de inseguridad, dificultades para conseguir comida o problemas relacionados con el medio ambiente, como puede ser la falta de agua. Seis de cada diez de los migrantes que respondieron al cuestionario online aseguran que no veían otra opción posible a la emigración.