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Fuente: diarionavarra

El salto masivo de más de 600 inmigrantes de Marruecos a España que tuvo lugar ayer, ha causado un revuelo de gran consideración en todos los medios de comunicación y, sobre todo, entre las distintas fuerzas políticas del país.

Tras una serie de altercados en la zona cercana a la Finca Berrocal, en Ceuta, centenares de inmigrantes consiguieron entrar en el país. El saldo total fue de 132 inmigrantes atendidos por la Cruz Roja, contra un total de 11 agentes de la Guardia Civil.

Por otro lado, durante dicho conflicto, se llevaron a cabo numerosas devoluciones en caliente, una reacción por parte de las fuerzas de seguridad que, según el actual presidente del gobierno, estaba en su agenda política darlas por abolidas.

Por su parte, Pedro Sánchez, tras su reunión con el presidente francés Macron, ha declarado que “debemos proteger las fronteras con dignidad y respeto a los inmigrantes”, haciendo hincapié en la necesidad de apoyar a los distintos países en desarrollo fuente de las olas migratorias en el Mediterráneo.

Las referencias que ha hecho Sánchez al conflicto han sido ambiguas y nada claras, poniendo bajo manta todas las problemáticas que siguen vigentes en cuanto a la inmigración en nuestro país, entre ellas: el uso de cuchillas demasiado peligrosas para la salud de quienes tratan de saltar la valla, las ya nombradas devoluciones en caliente, la falta de integración de los inmigrantes en el ámbito social español, la explotación que sufren en el mercado laboral y la relaciones internacionales de dependencia con los países de origen.

Este carácter “centrista”, que trata de agradar a todo el mundo, demuestra una vez más como el oportunismo es la única hoja de ruta con la que cuenta el PSOE. Nuestro gobierno, al igual que todos los anteriores, no puede afrontar el problema de la inmigración desde la raíz, porque son cómplices de la misma y defensores de sus benefactores, que son las grandes empresas involucradas en la situación de miseria y de guerra vivida en los países de origen de los inmigrantes, las mismas que después usan a dicha población como mano de obra de usar y tirar.

Por otro lado, los sectores más reaccionarios acusan a Sánchez de mano blanda con los inmigrantes, llegando a afirmar que es necesario aumentar las medidas de represión contra los inmigrantes, como si cerrar las puertas de nuestro país fuese a solucionar la crisis internacional de la que formamos parte desde hace tiempo.

En su lado opuesto, otros reclaman la apertura de puertas, pero sin presentar una propuesta diferente de estructuración política, económica e internacional que erradique las verdaderas causas de la inmigración: el sojuzgamiento llevado a cabo por las potencias de occidente sobre numerosas naciones y el aumento de los beneficios empresariales.

Sánchez ha “dado la talla”, ha pedido “dignidad y respeto” para contentar a quienes aún le consideran portavoz de la “izquierda”, para después realizar bajo cuerda lo que piden los sectores más derechistas de nuestro país: represión, explotación y ninguna solución en el horizonte. La inmigración es un negocio, y Sánchez un muy buen representante de sus accionistas.

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