Fuente: El País
El miércoles 29 de agosto, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, justificó la
devolución en caliente de 116 inmigrantes que saltaron la valla de Ceuta el pasado 22 de agosto, suceso clave en el que la agenda política del Gobierno de Sanchez ha realizado su primer gran atropello. Los grandes adalides del Estado de Derecho incumplen las leyes internacionales y la ley española de extranjería, la cual también especifica que las autoridades deben identificar a los migrantes y darles la oportunidad de recurrir la resolución de expulsión.
Lo más grave de las declaraciones del ministro es que asegura que esta acción “mandó un mensaje claro” a las “organizaciones criminales que trafican con personas”. Y que la migración “legal y segura” es la única vía válida, y que ante la organización de los inmigrantes para cruzar la valla, las medidas tomadas por el Gobierno han sido de criminalizar y demonizarlos.
¿Cómo les ha quedado claro?;¿Cuánto han ganado?;¿Son las mismas mafias que durante el
Gobierno de Zapatero fueron sobornadas -con dinero público- a mitad de camino de las Islas Canarias? No nos podemos hacer una idea de cuánto se beneficiaron las organizaciones de tráfico de personas con dinero de España, Marruecos y de los migrantes que buscan una mejor vida.
De ninguna de las maneras ha podido hacer mella en la actividad de los traficantes de personas dado que; 1) las personas que hayan contratado el servicio de esta organización ya habían pagado por adelantado y 2)estas mismas mafias piden grandes cantidades de dinero a sus precarios clientes, no les ofrecen ningún tipo de seguridad y salen beneficiadas de las políticas y las acciones de los países en los que trabajan abiertamente o bajo subterfugio.
La migración “legal y segura” son la de familias acomodadas que son capaces de viajar por un sueldo de burócrata, por tener patrimonio o por ser empresario. La inmigración diaria son de personas que huyen de la guerra que potencias imperialistas han causado mediante guerras de rapiña, del expolio de sus países de origen y de la represión política entre otros. Los que vienen al país son los trabajadores de un país que los condenaba al sufrimiento, huyendo hacia un país que dice ser democrático y con un gobierno progresista, en el cual hay cabida para todas las culturas y trabajo remunerado. Cuando llegan es otra historia muy diferente.
Lo que ha indicado Grande-Marlaska han sido una serie de burdas mentiras y demagogia que pretende encontrar un camino a rebajar la tensión y ponerse a la altura de la derecha más reaccionaria, imitando la política de inmigración del gobierno anterior, hipocresía materializada en la fotografía -garantizando tratados de cooperación con países orígen de la migración-.