Vistos los resultados electorales, el PSOE de Pedro Sánchez podría verse tentado a reeditar su estrategia, que consistiría en mantener un Gobierno en minoría con apoyos puntuales a derecha e izquierda según las coyunturas a tratar.

Fue su predecesor, el expresidente español del PSOE José Luis Rodríguez Zapatero quien, tras vencer en 2008 por segunda vez en las elecciones generales y quedar a las puertas de la mayoría absoluta con 169 diputados, decidió prescindir del apoyo parlamentario de izquierdas con el que había negociado en su primera legislatura (2004): IU-ICV, ERC y BNG.

Zapatero decidió en el inicio de su segunda legislatura no firmar acuerdo alguno y buscar apoyos tanto a la izquierda del PSOE como en el centro-derecha vasco y catalán (PNV y CiU), sin obviar el baile puntual con otras formaciones menores.

La vicepresidenta española, Carmen Calvo, ya ha anunciado que la preferencia del PSOE es gobernar en solitario. Pero ocurre que tanto sus resultados (123 escaños) como la aritmética parlamentaria en cuanto a los partidos pactistas dificulta esa fórmula. El PSOE podría optar, de un lado, por negociar con Ciudadanos (el cual antes de las elecciones diría que no iban a pactar con el PSOE) , pero las declaraciones de sus principales líderes dan a entender que el objetivo de la formación naranja es pugnar por el liderazgo en el espacio de la derecha liberal.

Con todo, no sería la primera vez que tanto los partidos de derechas como los de izquierda pactan entre ellos para tener el poder en el gobierno. Así las cosas, la salida podría pasar por una coalición en minoría con Unidas Podemos (sumaría 165 diputados), con la abstención para la investidura de todo o de parte del grupo parlamentario ERC-EH Bildu.

Estos son los dilemas que afronta el PSOE. El dilema de con qué partidos pactar para seguir gobernando, teniendo muy de cerca las elecciones europeas, autonómicas y municipales este 26 de mayo.

Lo que se observa en estas negociaciones es que los votantes, tras haber sido utilizados para obtener el voto, han sido relegados de nuevo al ostracismo, mientras el baile de escaños y los pactos para obtener sillones siguen su curso.