Este lunes, España se convertía en el cuarto país europeo en reconocer al golpista y presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como presidente legítimo del país latinoamericano, al expirar, según Pedro Sánchez, el plazo ofrecido a Nicolás Maduro para que convocara elecciones.

Un posicionamiento que dejaba entrever el seguidismo que realiza el nuevo Gobierno a Estados Unidos o las potencias más fuertes de Europa, además de su intromisión en la política de los diversos países sudamericanos.

El pretexto que usa el Gobierno del PSOE para apoyar Guaidó no es otro que el de defender la democracia, las libertades, los derechos humanos etc., pero como veremos, resulta que esa férrea defensa de las libertades democráticas no las aplican en el resto de países, o lo aplican según sus intereses y las relaciones que tenga España con esos países.

Un ejemplo de ello sería la postura que toma este Gobierno frente a Arabia Saudí, una de las dictaduras más terroríficas del mundo, donde las violaciones de los derechos humanos son el pan de cada día, y que, mientras múltiples organismos internacionales denuncian estas políticas, el gobierno de nuestro país permite la venta de armas hacia el país saudí.

Otro país cercano a Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, son otro de los socios de España. Este país, con un régimen absolutista que vulnera continuamente los derechos humanos, deteniendo, condenando y encarcelando a personas críticas con el gobierno, mantiene una “relación bilateral en excelente estado” con España, como afirman fuentes gubernamentales de nuestro país.


España, también reconoce y mantiene relaciones amistosas con países como Israel, Marruecos o Guinea Ecuatorial, la mayoría de estas también regímenes absolutistas, donde no existe elección libre alguna, y donde la oposición política a dichos gobiernos es perseguida y reprimida. Pero parece que nuestro Gobierno no se preocupa por las “libertades y el ejercicio de elecciones libres” en dichos países, ni les plantea ultimátum alguno.

Parece evidente pues, que, al Gobierno del PSOE, solo le interesan dichas cuestiones en países no alineados en su geopolítica o donde puede obtener un beneficio económico, mientras que con sus colegas parece no importarle mucho esas cuestiones ni los ciudadanos que sufren dichas políticas.