Tres de cada cinco jugadores que acaban pidiendo dinero, ya sea a conocidos o a casas de préstamos y para apostar o para tapar los problemas que esas apuestas provocan, no pueden devolverlo.

Así es como lo explica Jesús Cortés, investigador especializado en juegos de azar. Cortés señaló que el 59’4% de los encuestados en el Estudio y análisis de los factores de riesgo del trastorno del juego en la población clínica española, con datos de 2016, afirmó haber pedido dinero a alguien y no habérselo devuelto por culpa del juego.

A pesar de que en ciertos casos los préstamos proceden de familiares, amigos o conocidos, cada vez es más frecuente que se acuda a casas de microcréditos. Algunas de ellas aplican intereses de hasta el 2.000% anual. Es decir, que en doce meses los clientes deben devolver una cantidad veinte veces superior a lo recibido.

La encuesta se le formuló a más de medio millar de usuarios de asociaciones y centros de asistencia que ofrecen atención y ayuda a personas con problemas con el juego.

En España, en un año el dinero apostado alcanza la cifra de 46.000 millones, lo que dobla el dinero que las familias invierten en gas y electricidad, y supera el valor nominal de las hipotecas contratadas el año pasado.

El perfil de ludópata ofrecido por el estudio es de un español de unos cuarenta años, casado y con trabajo pero con un nivel socio económico medio-bajo o bajo, que reside en barrio sin problemas de inseguridad o tráfico de drogas.

De los encuestados, más de la mitad cumplía los criterios considerados indicativos de un trastorno del juego por la Asociación Americana de Psiquiatría. En concreto, apuestan al menos en cuatro tipos de juegos con regularidad y han acumulado deudas superior a 20.000 euros en el pasado y 15.000 en la actualidad.

La edad media de inicio es de 21 años y uno de cada tres ha recibido tratamiento por trastornos mentales antes de ser consciente de su adicción al juego, generalmente por depresión y ansiedad. Además, estas personas son más impulsivas y evitan situaciones de estrés, pesimismo o tristeza, en comparación con el resto de la población. El número de casas de apuestas crece con las casas de micro préstamos.