Como ocurrió en 2016, el Congreso ha tumbado la investidura de Pedro Sánchez. En la sesión del martes sólo logró el apoyo de 124 diputados, 123 de su propio partido.


La negociación con Unidas Podemos no acabó con ningún acuerdo y las tensiones crecieron. Sin esos 42 escaños el resto de posibles socios optaron también por el voto en blanco. Sánchez se lanzó contra Iglesias acusándole de moverse solo por sillones: “El problema nunca fue el programa. El problema fueron los ministerios”. 


El ambiente entre los dos partidos ahora es pésimo y el líder del PSOE ya no siente que tenga el encargo del rey para formar gobierno. El presidente en funciones daba por hecho que no habría una segunda negociación, ve muy difícil cerrar en dos meses las heridas abiertas en las negociaciones y conseguir un acuerdo para septiembre.


Sánchez recibió 124 votos a favor del PSOE y ORC, más las abstenciones de Unidas Podemos, ERC, PNV, Bildu y Compromís, y el no del PP, Ciudadanos, Vox, Navarra Suma, Coalición Canaria y JXCAT. En total 124 a favor, 67 abstenciones y 155 en contra.


En su discurso, el candidato a la investidura se lanzó contra Iglesias acusándolo de querer entrar al Gobierno para controlarlo. Este último respondió exigiendo el respeto que se le debe tener a un socio del Gobierno y dice no haber recibido durante las negociaciones. Finalmente, incluso ofreció renunciar al Ministerio de Trabajo a cambio de gestionar las políticas activas de empleo.


Cuando termine el plazo de dos meses para posibles nuevas negociaciones, se convocarán elecciones si no hay presidente del gobierno