Arrimadas cuenta con el respaldo del sector continuista y también con el de los críticos, aunque estos últimos reclaman más poder dentro del partido.

A día de hoy, queda claro que no existe oposición a la candidatura de Inés Arrimadas para ser la nueva líder de Ciudadanos. “Arrimadas será presidenta”, indicaban ayer con rotundidad fuentes de la formación naranja.

Sin embargo, su camino hacia el liderazgo del partido no será plácido debido a las cuitas internas entre los continuistas, partidarios de Albert Rivera , y los críticos. “Lo lógico sería que cada una de esas personas que entienden que tiene que haber modelos de partido diferentes, formen equipos y se presenten a las primarias”.

Así respondía el actual máximo responsable de Ciudadanos, José Manuel Villegas, a las propuestas de renovación procedentes no sólo de los feudos territoriales, sino de unas bases descontentas que comienzan a organizarse para plantar batalla al núcleo duro en busca de “una regeneración completa”. Además, los afines a Rivera quieren mantener su parcela de poder en la nueva ejecutiva de Ciudadanos, que surgirá de una asamblea (Congreso) del partido, que se celebrará en marzo.

Por lo pronto, el próximo sábado se reunirá el Consejo General, máximo órgano entre asambleas, para nombrar a una gestora que dirija el partido hasta que se elija a la nueva presidenta y señalará la fecha de celebración de esa asamblea.

Las idas y venidas entre núcleo y disidentes pone de manifiesto la apertura de una brecha que, confían, sepa cohesionar la -por ahora- única candidata a suceder a Rivera, que ya anunció “cambios en el partido” porque “de estas situaciones tenemos que aprender”.