En 2015, la revista Iberoamericana de Psicosomática publicó un artículo científico que manifiesta la poca relevancia que se da a los casos de compradores compulsivos, cuando se trata de un trastorno que cada vez cobra más importancia en nuestra sociedad, especialmente debido a las nuevas tecnologías.

El trabajo de investigación realizado explica como este trastorno manifiesta un “comportamiento desadaptativo de compra persistente e irresistible”, y que perjudica gravemente tanto al individuo como a su propio entorno, refiriendose a que las personas que lo manifiestan también suelen acabar generando conflictividad familiar y de pareja, así como una disminución del rendimiento a nivel laboral o escolar; además de problemas financieros, evidentemente también causados por el trastorno compulsivo.

“La edad media de inicio del trastorno se sitúa entre los 18-30 años de edad y el curso tiende a ser crónico. Este trastorno presenta una elevada comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos, sobre todo trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, por dependencia de sustancias, de la conducta alimentaria, y otros del control de impulsos”, detalla la psicóloga y psicoterapeuta, Mónica Fraca Villar, también directora del departamento de adultos, pareja y familia de Psicólogos de Pozuelo, en Madrid, al periódico Infosalud.

La experta hace saber que la prevalencia se sitúa entre un 1% y un 11’3%, y que se puede apreciar una mayor frecuencia de los casos en mujeres. Explica que, por lo general, las mujeres suelen comprar más objetos asociados con la apariencia física y el bienestar emocional, se trata de artículos de belleza como el maquillaje o la bisutería, así como la ropa, calzado y complementos; mientras que los hombres tienden más a comprar “objetos instrumentales y de ocio relacionados con la independencia y la actividad.”

Este es un trastorno del control de los impulsos, en este caso en relación a la compra compulsiva de cosas y/o a pensar en ello de manera recurrente.

En lo que se refiere al papel de las nuevas tecnologías, la psicóloga y psicoterapeuta sostiene que estas han contribuido enormemente a exacerbar el trastorno, situándose las cifras de compra compulsiva online cerca del 16%. “Este hecho se debe a que Internet permite comprar sin ser observado, a cualquier hora del día, evitando la interacción social, y obteniendo una gratificación rápida; elementos que facilitan el descontrol de la conducta”, considera la especialista.

Es inevitable que el riesgo aumente estando en una situación de confinamiento, debido a que las personas que ya padecen el trastorno, recurren a la compra para calmar el estrés o en muchos casos la ansiedad que provoca.