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El presidente turco declaró esta semana que «a menos que EEUU no empiece a respetar la soberanía de Turquía y demuestre que entiende los peligros a los que nuestra nación se enfrenta, nuestra alianza estará en peligro». Turquía, lejos de contar con esa independencia que enarbola su presidente, ha sido siempre dependiente de Estados Unidos y la Unión Europea, del bloque de la OTAN.

 

Mevlut Çavusoglu, ministro de exteriores, insistía en una rueda de prensa que “casi todos” los países occidentales apoyaban el intento de golpe de Estado de julio de 2016, un golpe que pretendía acabar con el régimen de Edorgan y que terminó con una alta cifra de muertos y sobretodo de detenidos. Este fue el punto de inflexión que llevó a Turquía a distanciarse de sus aliados occidentales y cuestionar el control sobre el territorio. Este movimiento vino acompañado de un acercamiento a las potencias del este: Rusia Irán y China, haciendo aún más inadmisible la pertenencia a la esfera de influencia del bloque norteamericano.

 

La situación económica actual de Turquía atraviesa una época de crisis y desplome de su moneda, que el presidente Erdogán achaca directamente a la política proteccionista de Trump, que trata así de mejorar sus relaciones con otros países. Las guerras que sostiene ahora el gobierno turco contribuyen en gran medida al hundimiento de la economía y con objeto de coordinarse en la guerra en Siria, Rusia, Irán y Turquía mantienen encuentros tácticos, cuestionando la voluntad de Norteamérica y la política de la OTAN.

 

La tensión se ha acrecentado este fin de semana de la mano de la última crisis política, Estados Unidos exige la liberación de un pastor evangélico encarcelado por el gobierno turco por presuntos lazos con el PKK y haber contribuido en el golpe de estado. Tras la negativa, Trump anunció la subida de los aranceles al acero y aluminio que exporta Turquía, tensando aún más los mercados y desplomando la lira turca. Pese a que recientemente a logrado estabilizarse un poco, llegó rápidamente a una caída del 40%. Esta guerra comercial no ha hecho más que empezar, pues los magnates turcos ya han cambiado sus dólares por moneda turca. El conflicto se sentirá tanto en el seno de la OTAN y su actuación internacional, así como en otros países semideponentes como la UE.

 

A este respecto, la UE se ha distanciado ya de USA; Macron y Merkel declaraban, a principios de esta semana, “Queremos ver una Turquía democrática, estable y próspera”, realmente señalan que reforzaran su relación comercial con los turcos, pues Europa no puede permitirse perder este territorio de suministro y abastecimiento para su producción.

 

Turquía, aliada occidental desde los tiempos de la Guerra Fría, acerca ahora sus intereses con los de la Rusia de Putin, que le ofrece mejores perspectivas económicas. Este estrecho acercamiento nos lleva a señalar un posible cambio en la correlación de fuerzas de la guerra siria, pues hasta ahora, estos dos regímenes apoyan a facciones opuestas.