Erdogan Turquía
TUR01. Ankara (Turkey), 07/07/2018.- Turkish President and leader of the Justice and Development Party (AK Party) Recep Tayyip Erdogan speaks during a group meeting of AK Party at Turkish Grand National Assembly in Ankara, Turkey 07 July 2018. (Turquía) EFE/EPA/STR

El pasado 24 de junio se celebraron las esperadas elecciones en Turquía dando la victoria con el 52% de los votos al AKP, partido liderado por el presidente turco Recep Yayyip Erdogán, que lo ha sido desde 2014.

Previamente a las elecciones y tras el intento fallido de golpe de estado en Turquía en 2016, el presidente aprovechó la situación para empezar un proceso de purga del funcionariado turco y un proceso de concentración del poder cada vez mayor en su persona, este primero iniciado nuevamente ahora con la destitución de 18.632 cargos públicos de los cuales la mitad son miembros de los cuerpos de seguridad del Estado (8.998 policías, 649 miembros de la gendarmería y 192 de la guardia costera).

Erdogán ha conseguido establecer un estado permanente en Turquía que le ha permitido tomar todas estas medidas para asentar la dictadura fascista en este país, que persigue abiertamente a la población kurda, colabora con el Estado Islámico como aliado, ilegaliza canales de televisión y periódicos y encarcela a sus disidentes, haciendo que reine la persecución política y se agudicen las tensiones en el estado turco. También lo hace a nivel internacional, como potencial ejército aliado de la OTAN y uno de los más grandes del mundo.

El paso al sistema presidencialista en Turquía anterior a las elecciones, basado en la poder sin limitaciones del ejecutivo realizado por Erdogán a base de decretos y plebiscitos de reforma constitucional, fue un ejemplo más de que el presidente turco está asentando su poder en el país para evitar la disidencia política.

Ahora el Ejecutivo ha decidido reiniciar el proceso de purga con la excusa de atacar al movimiento Hizmet de Fethullan Gülen, un complejo empresarial religioso que cuenta con centros de educación privados y medios de comunicación,  al cual acusó en 2016 de perpetrar el golpe de estado turco.

Este proceso escudado en la persecución contra este movimiento por los supuestos intentos de tumbar el gobierno de Erdogán, ha sido utilizado para ocultar la persecución que se esconde detrás, ya que esta incluye la represión de los movimientos que intentan acabar con la dictadura turca, entre ellos la minoría kurda, protagonista en el conflicto con el Estado Islámico y que ha sido atacada militarmente en alianza con el ISIS.

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