De acuerdo con el último informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) sobre el comercio mundial de armas en el último lustro, el 61% de las importaciones saudíes procedieron de Estados Unidos, el 23% de Reino Unido y el 3,6%, de Francia, con España en cuarto lugar con el 2,4%. La última memoria del comercio exterior de material militar revela que España expidió productos por valor de 4346 millones de euros, y es que el sector no deja de crecer con el gobierno de Sánchez. La industria armamentística nacional -encabezada por firmas como Airbus Military, Navantia e Indra- ha triplicado la exportación desde 2010, vendiendo a los mismos que son responsables de la muerte de cientos de asesinados por el régimen de Erdogan o de la muerte de civiles en la guerra de Yemen, vendiendo armas a Arabia Saudí y sus aliados.

España ocupa la séptima posición en la clasificación de países que mayor número de armas venden, representando un 2,9% del total de exportaciones de armas a nivel mundial. Entre los países a los que más armas exporta España se encuentran Arabia Saudí (955 millones), Israel (6,1 millones), Turquía 253 (millones) o Irak (234 millones). Estados dictatoriales que usan estas armas para realizar verdaderas masacres a trabajadores de su propio país o de países cercanos.

Paradójicamente, España incluso está incumpliendo sus propias leyes sobre venta de armas. La Ley 54/2007, sobre control del comercio exterior de material de defensa y doble uso, prohíbe la venta de armas a países cuando existan indicios de que se empleen en situaciones de violación de derechos humanos; poco importa la ley cuando se trata de extraer más y más beneficios. Mientras tanto el Gobierno y las instituciones permiten y fomentan este tipo de prácticas criminales, con declaraciones como la de Pedro Sánchez defendiendo la venta de 400 bombas de precisión a Arabia Saudí en septiembre de este mismo año.