Tras conseguir una aplastante victoria en las urnas, el PSOE envió su plan de estabilidad económica para 2019-2022 a la Comisión Europea, que consta de una subida de impuestos de 5654 millones de euros y en consecuencia, el aumento de los ingresos públicos que alcanzaría la cifra equivalente al 40,7% del PIB.

Aunque Albert Rivera recriminara a Sánchez ocultar la subida fiscal durante la campaña, el plan fiscal es conocido desde que el PSOE estaba en la oposición, es decir, fue en abril del año pasado la presentación de dicho documento. Además, en su programa electoral figuraban todas las subidas y los detalles de forma más desarrollada.

Exactamente, la subida de impuestos afectará a las rentas más altas y a las grandes empresas. Entre las medidas tributarias destacan la subida de dos puntos del tramo máximo del IRPF para los que ganen más de 130 000 euros y el aumento de 4 puntos a los que tributan más de 300 000. El gobierno también contempla diferentes medidas fiscales para aumentar la recaudación del Impuesto de Sociedades para las grandes compañías.

El Ministerio de Economía asegura que las medidas de ingreso se aplazarán hasta 2020, es decir, un año más tarde de lo que preveía el actual Ejecutivo en funciones. La cosa no queda aquí, ya que en 2023 comienza a jubilarse la generación del baby boom, la cual debería tener pensiones más altas por haber cotizado durante más años. Además, la situación de España, con una población cada vez más envejecida y con un mayor gasto farmacéutico, empuja al gobierno burgués, en un futuro no muy lejano, a subir los impuestos y aumentar la recaudación fiscal de la población y de las clases populares para que la situación sea “sostenible”; pues ante estas situaciones el estado capitalista no puede solucionar los problemas sociales de otro modo. En este caso, al menos los grandes empresarios españoles, los que declaren impuestos en España, verían sus ganancias ligeramente disminuidas.

En nada afectaría esta reforma superficial al libre mercado, a la acumulación del capital en cada vez menos manos, ni a la explotación asalariada que sufre la clase obrera en España. Lo que sí conseguiría es, como lleva la socialdemocracia de este país haciendo durante años, desmovilizar a la clase obrera en la verdadera lucha consecuente por sus derechos y por la justicia, trasladándola al parlamento. Aun así, todavía no se ha materializado la reforma, está por ver si se consigue o no.