Violación, justicia
Fuente: Álvaro García

 

En 2008, durante una fiesta en una discoteca de Torrevieja, Alicante, tres muchachos conocieron a una joven y la invitaron a salir del local con ellos tras un rato hablando. La llevaron al aparcamiento, donde tenían su coche, y en el interior del vehículo la violaron entre los tres, llegando a eyacular en su interior, sin que ella pudiera ofrecer resistencia alguna debido al estado de embriaguez en el que se encontraba. Incluso invitaban a la gente que pasaba a unirse, hasta que finalmente fue rescatada por unos amigos.

A la mañana siguiente, después de recuperarse, fue a denunciarlo, comenzando así un largo proceso jurídico que se ha prolongado una década. Diez años de espera – y de mucha angustia – por parte de otra víctima más de la violencia de género de este país, que no hacen más que reflejar el largo camino, lleno de obstáculos, por el que tienen que pasar cada una de ellas, y vista la sentencia, ¿a cambio de qué?

El juicio ha concluido, pero lo ha hecho de manera vergonzosa. Los tres violadores han sido condenados a 4 años de cárcel, lo que supone solo seis meses más del mínimo para este tipo de crímenes. Se ha estimado que en el abuso “no hubo violencia” y los acusados siempre han defendido que la víctima dio su consentimiento, cosa que no ocurrió dado que, según testigos, se encontraba prácticamente desmayada y “parecía un muñeco en manos de sus agresores”.

Una vez más, la justicia vuelve a demostrar su naturaleza, amparando a los agresores y convirtiendo el camino que tienen que recorrer las víctimas en un infierno. Una justicia que vuelve a quedar obsoleta ante unos hechos que, desgraciadamente, no parece que vayan a desaparecer.

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