Según la Encuenta de Presupuestos Familiares del Instituto Nacional de Estadística (INE), 17.047,5 millones de euros es la cifra a la que ascienden los pagos que supuso el alquiler de viviendas principales a los hogares españoles en el año 2018, un volumen de facturación que equivale a más de la mitad de los 31.625 que la Contabilidad Nacional atribuye al sector.

La factura que las familias españolas pagan por vivir de alquiler se ha disparado ya por encima de los 17.000 millones de euros. Este hecho coincide en el tiempo con la irrupción en el mercado inmobiliario de los fondos buitre, que rentabilizan con el arriendo los activos obtenidos a precio de ganga del naufragio inmobiliario de la banca; también con la irrupción en ese mismo sector de inversores particulares, que buscan en ese negocio unos rendimientos para su dinero mayores que los que ofrecen los productos financieros, con una reducción de la oferta por la mayor venta de casas de segunda mano y, por último, y tal y como vienen advirtiendo entidades como el Banco de España, con la extensión de los pisos turísticos, que han tirado al alza de los precios en varias zonas del país.

Esa cifra supera en más de 560 millones de euros a la del 2018 y casi en 1.700 a la de 2016 en una constante revalorización de las rentas que ha hecho que la facturación subiera en once de los doce últimos años y que la factura se haya doblado desde la época de la burbuja, cuando se situaba en 8.813.

En los cuatro últimos años, el aumento de la demanda de viviendas de alquiler se sitúa en el 18,9%. Eso se debe, principalmente, al aumento de los precios, que, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, acumulan una subida del 30% entre 2006 y 2018, aunque el grueso de ese incremento (un 14%) se concentró en el primer año, cuando la renta media pasó de 4.034 a 4.598 euros anuales (de 336 a 383 euros mensuales).