Tres mujeres han sido liberadas de un club de Girona. Captadas a través de una web rusa dónde se ofertaban trabajos “bien remunerados”, estas mujeres eran explotadas sexualmente por cinco proxenetas.

Esta banda criminal atraía a mujeres prometiéndoles ofertas de trabajo con sueldos de hasta 6.000 euros/mes. Una vez en el club, se les extraía la documentación y se les comunicaba la “deuda” que habían contraído. Las mujeres eran coaccionadas violentamente para ejercer la prostitución como forma de pago de dicha deuda.

Este pasado mes de marzo se destapó el caso de un agente de la Guardia Civil, que exigía sexo a las mujeres inmigrantes a cambio de papeles. Sin olvidar también los diversos casos que salpican directamente a políticos. Casos como la red de prostitución que el comisario Villarejo montó con el fin de sacar información a políticos y empresarios.

Estas mafias funcionan a nivel internacional. Generalmente, capturando a mujeres trabajadoras en países pobres y obligándolas a prostituirse en los países ricos. El turismo sexual es otra lacra del actual sistema económico; muchos países del tercer mundo ofertan este tipo de turismo, principalmente de cara a los países ricos. España es el tercer país del mundo en demanda de prostitución. Los partidos políticos han sido incapaces de poner fin a la explotación sexual de la mujer trabajadora en nuestro país. Regularizarlo, como propone el sindicato OTRAS o muchas organizaciones autodenominadas “feministas”, además de  legitimar este negocio de la violación, significa perpetuar la mercantilización del cuerpo de las mujeres trabajadoras.