El presidente chileno Sebastián Piñera, ha anunciado este sabado que suspende la subida del billete del metro, la cual ha generado los disturbios más violentos y extendidos de los que se tenga memoria en el país desde la dictadura militar, llegándose a declarar el estado de emergencia en numerosas regiones.


Las protestas se iniciaron el lunes, con la aprobación del decreto que alzaba el precio del billete de metro de 800 a 830 pesos. Hasta el miércoles, grupos de estudiantes encabezaron las movilizaciones, de caracter mayoritariamente pacífico. Manifestaban su indignación con caceroladas y organizaban coladas masivas en el metro. Aunque ya se habían producido incidentes aislados y enfrentamientos con la policía, el jueves aumentaron en intensidad y durante la noche del viernes la violencia se desató, en especial en la capital, Santiago.


Los disturbios han abocado al presidente chileno a suspender dicha medida, que no ha calmado los ánimos, y ha producido nuevas barricadas, saqueos y manifestaciones en la capital. Poco después, el general Javier Iturriaga del Campo, designado por Piñera al frente del orden público, anunciaba el toque de queda, sumándose este a la declaración de estado de emergencia realizada el sábado para las regiones de Santiago, Valparaíso, Concepción, las comunas de Coquimbo y La Serena y la comuna de Rancagua. Las tropas en las calles (medio millar de soldados) dejan imágenes de militares patrullando la capital, algo inédito desde la dictadura militar de Pinochet (1973-1990).


Chile, un país considerado por el mundo occidental como ejemplo de estabilidad económica y política en Latinoamérica, esconde una elevada desigualdad en el reparto de la renta que viene haciendo aumentar la indignación de su clase media. El sistema ultraliberal chileno, instaurado durante el régimen de Pinochet sigue vigente. El descontento de parte de la sociedad por el sistema de pensiones, administrado por empresas privadas, el coste de la salud, el deficiente sistema público de educación y los bajos sueldos en relación con el coste de la vida, ha emergido de la mano de las protestas por el precio del metro.