Grecia está en camino de cerrar los atestados campos de refugiados situados en sus islas, y el proyecto plantea reemplazarlos por centros de detención más restrictivos en el marco de sus esfuerzos para hacer frente al problema de la migración, por lo que sabemos por los informes que han facilitado las autoridades del país.

Las ONGs han denunciado reiteradas veces las penosas condiciones de vida de las miles de personas que residen en estos centros, que actualmente están operativos en las cinco islas del Egeo. Además, el país va a tener que enfrentarse a un notable aumento en las llegadas este año.

Las medidas que ha prometido tomar el nuevo Gobierno conservador consisten en el endurecimiento de sus fronteras y acabar con los cuellos de botella en los procedimientos para la concesión de asilo. El Parlamento heleno ha aprobado este mismo mes nuevas directrices, bastante más duras en lo relativo al asilo.

Stelios Petsas, portavoz del gobierno, ha indicado que se crearán “centros cerrados previos a la partida”, que facilitan el control de los movimientos por parte de los solicitantes de asilo impidiendo que pasen por la parte continental del país sin ser detectados.