En la localidad sevillana de Dos Hermanas la tarde de este 26 de enero (a las 17h) el 112 recibía la llamada de un hombre que confesaba haber matado a su esposa. El servicio de emergencias daba la voz de alarma a las autoridades: policía local, nacional y los servicios sanitarios que acudieron al lugar del incidente.

Tras lo ocurrido el varón de 68 años ha sido detenido y se encuentra retenido en la comisaría local.

El crimen ocurría en la calle Cepeda, en la barriada de Las Portadas de la localidad nazarena, presuntamente después de una discusión. La pareja de 68 y 69 años tenía tres hijas ya con la mayoría de edad. El 112 también declaraba que la hija había alertado del delito.

La policía nacional, aunque confirme la detención del sospechoso, ha declarado no poder confirmar si se trata de un caso de violencia género.

Las autoridades locales también han apuntado que no había interpuestas anteriores denuncias de violencia machista presentadas a la policía local o nacional o a la delegación pertinente.

Según los datos oficiales del ministerio de presidencia, relaciones con las cortes e igualdad, son al menos ya 4 asesinadas por la violencia de género en lo poco que llevamos de 2019. El pasado año cerró con 47 víctimas mortales provocadas por la violencia de género. No olvidemos que estas cifras no muestran el daño real que provoca la violencia doméstica que no solo ataca a las mujeres sino también a menores y perjudica a todo el ámbito familiar.

Sabemos que, a pesar de que se aprueben leyes de presunta igualdad social esta igualdad no se materializa en las calles, en la realidad general de nuestro país. La denuncia de estas situaciones suele dificultarse por la dependencia económica a la que las mujeres suelen quedar relegadas. Sin posibilidad de alcanzar esa igualdad económica, esta igualdad de oportunidades, no se podrá alcanzar la igualdad social.

Es verdad que el gobierno “progresista” de Sánchez se esfuerza por decir el “todos y todas” en sus discursos, sin embargo, la igualdad formal o las formas políticas de corrección no son suficientes para parar estas situaciones de violencia. Son desde 2003 (desde que comienza la estadística) hasta día de hoy 973 las víctimas mortales oficialmente por este tipo de violencia.

Que la sociedad actual condena a las mujeres trabajadoras a la dependencia económica y la precariedad salarial es una realidad contundente, así como la objetivización y el desplazo de estas que se da día a día en nuestro país. Por ello, para acabar con estos casos, hay que, como mínimo, apostar por la igualdad real y efectiva de oportunidades en el ámbito laboral, académico  y salarial. Es decir, medidas transformadoras y reales más allá de las medidas simbólicas y formales que se toman en la actualidad.