Desde que se decretó el estado de alarma, en España se han prohibido las visitas a internos en centros penitenciarios. Del mismo modo, suministros básicos como ropa o prensa se han visto limitados, al igual que la atención sanitaria. Esta situación ha provocado las protestas de multitud de presos a lo largo del país.

El preso de ETA Patxi Ruiz, interno en la prisión de Murcia II, decidió comenzar una huelga de hambre y sed el pasado 11 de mayo después de ser amenazado por sus carceleros. Le acusaron de ser el organizador de las protestas que más de 50 presos del módulo 8 de esta prisión están realizando con el objetivo de denunciar el abandono por parte de Instituciones Penitenciarias durante la pandemia del COVID-19.

Las protestas en el módulo 8 de la prisión murciana dieron comienzo el 5 de mayo. Sus reivindicaciones son las siguientes: Libertad para los presos enfermos y los que tengan la condena casi cumplida, poder recibir visitas, suministros de material para no contagiarse (mascarillas, guantes…), que se realicen test a los presos y carceleros y poder acudir a los entierros si algún familiar fallece.

No hubo ningún problema hasta que el 9 de mayo una carcelera le quitó al preso de ETA Patxi Ruiz su cartel de la protestas, el cual respondió pidiendo el número de identificación a la funcionaria. Más tarde, esta funcionaria, acompañada del jefe del módulo, visitó la celda de Patxi para darle el número de identificación que había pedido, pero le acusaron de ser el impulsor de las protestas y le amenazaron diciendo que sufriría las consecuencias. Después le llevaron con el director de la prisión, el subdirector de seguridad y el jefe de servicios quienes siguieron con las amenazas.

No es la primera vez que Patxi Ruiz ha denunciado amenazas en el módulo 8 de esta prisión, el pasado 31 de diciembre se hizo cortes en los brazos para denunciar la actitud agresiva de un carcelero contra los presos de ETA y presos árabes. Esta vez Patxi ha vuelto a hacerse cortes en los brazos siendo trasladado a enfermería, donde recibió un trato vejatorio. El preso afirma que no le ofrecieron más que tranxilium, un potente calmante, y que literalmente el médico dijo “llevaos esta mierda de aquí”.

Ante la actitud mantenida por la cárcel contra el preso vasco, este decidió comenzar una huelga de hambre y sed para que cesen las amenazas. En solidaridad, otros presos de ETA están realizando protestas: uno en Sevilla II y otro en Córdoba II renuncian a salir al patio, cuatro en Puerto II rechazan la bandeja que da la cárcel, y otro en la misma prisión que Patxi se ha puesto también en huelga de hambre. En el País Vasco han aparecido pintadas denunciando la situación de Patxi en sedes del PNV, PSOE y Podemos y se han organizado diferentes concentraciones.

Además, hay tres personas en huelga de hambre en Ezkerraldea desde el 12 de mayo y cuatro desde el 14 de mayo en Ondarroa, a las que se les sumaron otras ocho en el mismo municipio el día 15.

Según ha informado a sus familiares lleva sin orinar desde el 12 de mayo y cada vez tiene más dolor en los riñones. A pesar de haber empezado con problemas de salud y que su vida corra grave peligro, la prisión mantiene la misma actitud ante Patxi, que no ha sido atendido por un médico hasta el quinto día de protesta. Los informes del 16 de mayo avisan de que en los últimos 6 días Patxi ha perdido 10 kg de peso y está en peligro de muerte.