Este viernes 28 de septiembre, los tripulantes de cabina de Ryanair han llevado a cabo una huelga de trabajadores, consiguiendo la cancelación de más de 80 vuelos en España. Donde la huelga más se ha hecho notar ha sido en Valencia, Alicante y Palma.

Ryanair ha rechazado todas las exigencias de los trabajadores, los cuales reclaman que se les aplique la legislación laboral española, ya que la compañía sigue saltándose la normativa europea para aplicar la irlandesa, además exigen que se acabe el sistema de subcontratas.

La aerolínea no solo carga contra sus trabajadores, sino que también lo hace contra sus propios clientes, asegurando que, en contra de lo que muchos afectados cuentan, se avisó por correo electrónico con tres días de antelación de la cancelación de los vuelos, y al igual que ya ocurrió en las dos jornadas de huelga del pasado mes de julio, Ryanair no reconoce las indemnizaciones que recoge la normativa europea (en la que podría tener que desembolsar once millones de euros en compensaciones) al haber cancelado los vuelos con dos semanas de antelación.

Para saltarse esta ley, Ryanair alega que la huelga es una “circunstancia excepcional”, y que no depende de la compañía (como si empujar a los trabajadores a la huelga con unas pésimas condiciones laborales fuese ajeno a la empresa) y que por tanto no debe abonar esas compensaciones, un argumento que la propia Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) no comparte, exigiendo las indemnizaciones.

Desde las huelgas realizadas el pasado mes de julio no se ha podido ver ninguna mejora aparente en los trabajadores, empujándoles a hacer huelga en defensa de sus derechos y, mientras se agudiza cada vez más la explotación de los trabajadores, ¿dónde se encuentran los grandes sindicatos?