El imán de Ripoll seguía siendo considerado informador de los servicios secretos españoles el día en que sus discípulos asesinaron a 13 personas y más de un centenar resultaron heridas, hace ya casi dos años.

Según el diario Público, Abdelbaki es Satty se comunicaba con el CNI utilizando la táctica del “correo muerto”. Los códigos de este “buzón muerto” estaban escritos en un papel manuscrito hallado entre los restos del chalé abandonado de Alcanar, donde los terroristas almacenaban gran cantidad de explosivos y que voló en pedazos el 16 de agosto de 2017, descuartizando al propio Es Satty y a uno de sus cómplices, Youssef Aalla.

El sistema del “buzón muerto” es imposible de interceptar porque jamás se transmiten datos por Internet. Dicha táctica funciona de la siguiente manera: se abre una cuenta nueva de correo electrónico en cualquier plataforma pública –Gmail, Hotmail o la que se desee– pero no se hace nunca uso de ella para enviar o recibir mensajes, sino que los que conocen las claves de usuario y contraseña se limitan a escribir borradores y dejarlos allí pendientes de envío. Su interlocutor accede después a la cuenta y puede ver lo escrito, respondiendo por el mismo método.

Los agentes del CNI siguieron minuciosamente todos los movimientos, a través de cuatro países, de los tres jóvenes que fabricaban los artefactos explosivos en Alcanar, no sólo controlando sus itinerarios y medios de desplazamiento, sino incluso conociendo previamente sus planes. Es obvio que el CNI sabía lo que esos terroristas pretendían hacer porque estaba escuchando lo que hablaban entre ellos, ya que también es capaz de señalar los números de los teléfonos móviles de los tres.

Pero esto no es todo, ya que según afirma Público, el servicio secreto español seguía vigilando y controlando a los terroristas hasta el mismo día del atentado de Las Ramblas, puesto que no fue hasta la mañana siguiente de la masacre cuando se borró del registro central de fuentes del CNI la ficha del mismísimo Es Satty.