Este jueves 23, en Euskadi se ha vivido una masiva huelga en el sector del metal debido al elevado número de muertes por accidentes laborales (solo en los últimos días han fallecido cuatro trabajadores): el pasado 2018 hubo más de 33.000 accidentes laborales exclusivamente en el sector de la industria vasca, 35 de ellos mortales.

La patronal, la cual hace un año quiso poner en práctica un convenio en el que precarizaba los puestos de trabajo de más de 50.000 trabajadores, ha tachado la huelga de ”modesta, con un 26% de seguimiento, y violenta, con piquetes que han causado daños materiales a la empresa”.

Sin embargo, las calles distaban mucho de las palabras de la empresa: en la manifestación, más de 11.000 obreros se han manifestado exigiendo una solución y un puesto de trabajo digno, sin explotación laboral, y el seguimiento de la huelga ha sido de más del 80% y con participación en todas las comarcas del país, según sindicatos convocantes.

La patronal, en la última reunión con los delegados sindicales, ofrecía migajas para solucionar la precaria situación en la que han sometido a los obreros: una subida con respecto al IPC real del año anterior más el 1,75%, más un 0,25% este año y el siguiente. Desde las cúpulas administrativas, creen que con estas limosnas apaciguarán a los trabajadores y podrán volver a explotarlos como antes. Nada más lejos de la realidad.

Esta multitudinaria huelga solo significa una cosa: que para que los trabajadores conquisten los derechos que se merecen tienen que organizarse, y salir a la calle a exigir sus derechos, rechazando pactos con la patronal y políticas de apaciguamiento de sindicatos amarillos.