A día de hoy, aún no ha empezado el supuesto proceso de eliminación de las concertinas instaladas en las vallas de Ceuta y Melilla, creado por los oportunistas. Las concertinas son alambres blindados con cuchillas cortantes, que hieren y cortan a quien pretenda escalarlos.

Estos alambres instalados en las vallas fronterizas desde el 2005, bajo la legislatura del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, están colocados en la frontera española como medida de “seguridad” para impedir el paso de migrantes al país. Recordemos que la mayoría de los migrantes que se enfrentan a las concertinas parecen verse empujados por situaciones aún más míseras.

Hace poco las concertinas volvían a ser noticia, después de polémicas declaraciones del Papa Francisco, criticando el uso de esta práctica, así como haciendo hincapié en que el Gobierno “ya ha acordado retirarlas estableciendo un perímetro de valla mucho más seguro pero incruento”.

El ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska marcaba hace ya tiempo como prioritario retirar las concertinas, cambiándolas por otros medios “menos cruentos” que garanticen “igual o más seguridad” en la frontera. Cosa que el ministerio pretendía iniciar la última semana de febrero o la primera de marzo.

Sin embargo, ahora Interior concreta que solo se retirarían las concertinas de “las zonas más vulnerables”, es decir, las que han sido objeto de mayores intentos de salto. La alternativa a las concertinas será hacer un 30% más alta la valla. Llegando, en los puntos más conflictivos, hasta los 10 metros, además de coronarse con otros elementos que dificultan el paso, aunque sin ser “lesivos”.

Con esta nueva prioridad, la previsión inicial parece esfumarse porque aún no han terminado los estudios preliminares del proyecto que Interior encargó a la empresa pública ISDEFE (Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España). El objetivo sería reforzar y modernizar las infraestructuras de seguridad de los perímetros fronterizos entre España y Marruecos.

Sabemos con certeza que el proyecto pretende finalizarse en el marco de 2019, por lo que la culminación de esta medida dependerá del resultado de los comicios venideros.

Grande-Marlaska ha declarado a los medios que “ya se está en el trámite de la aprobación de la modificación perimetral en la redacción final del proyecto y seguidamente se procederá a la licitación, porque también lleva la colocación de unas cámaras de seguridad o un centro de control” explicando la aparente complejidad de la remodelación. Ha concluido diciendo “Queremos tener una frontera del siglo XXI y no del siglo XVII”.

Parece hablar de evitar la crueldad en las fronteras, de evitar factores lesivos, de humanizar las rejas, pero ni siquiera se retirarán totalmente las concertinas de las vallas y todo apunta a que esto no es más que una estrategia mediática.

Meses después de una primera promesa de retirar las concertinas, en este enero de 2019 el Consejo de Ministros aprobaba el plan de infraestructuras de seguridad del Estado, en el que se contempla el refuerzo y modernización de las fronteras en las ciudades autónomas, cosa que conlleva la prometida sustitución de las cuchillas.

Una medida que no puede aspirar a ser una solución definitiva para la situación de la migración. Se eliminan elementos dañinos pero no se renuncia a la máxima seguridad y detección de migrantes que arriesgan sus vidas buscando una oportunidad, igual que no se denuncia desde las instituciones el origen del problema migratorio: la enorme miseria generada por estados con los que los grandes empresarios españoles tienen buenas relaciones y las terribles condiciones generales de vida y concretamente laborales, a las que se ven sometidos los trabajadores que emigran ilegalmente a nuestro país por necesidad, donde no gozan ni tan siquiera de acceso a la sanidad pública pese a contribuir a ella con el IVA mientras que perciben una miseria de salarios sin posibilidad de cotizar.