Espinosa de los Monteros vendió al productor de ‘Ocho Apellidos Vascos’ un chalet de lujo en Madrid sin decirle que tenía pendiente una orden de demolición parcial.

Según el periódico El País, Espinosa de los Monteros fue condenado en firme en el año 2010 por una “obra ilegal” que vendió al cineasta David Naranjo, productor de ‘Ocho Apellidos Vascos’, por más de un millón de euros, un proyecto de Rocío Monasterio que llevó a cabo sin licencia y burlando una orden de paralización.

David Naranjo se ha destapado como la última víctima conocida del matrimonio Espinosa- Monasterio, al haber comprado sin saberlo un chalet que tenía una orden de demolición del sótano de la cual no fue informado por el portavoz de Vox en el momento de la venta del inmueble por 1’1 millones.

Un detalle destapado por el diario ‘El País’ y por el que Iván Espinosa de los Monteros pasó por alto, y ya fue condenado por ello en 2010, debiendo pagar una multa de 17.784 euros. Los problemas para Naranjo no han acabado ya que debe asumir el derribo pendiente.

Una obra que le costará 22.000 euros y que servirá para devolver el chalet a su estado anterior a la realización de la reforma ilegal que los líderes del partido Vox llevaron a cabo. En declaraciones en el Congreso, Espinosa de los Monteros ha dicho que se trata de “informaciones falsas” del Grupo Prisa y que lamenta que esa empresa periodística “arrastre a terceros” a preguntar al respecto.

Además, Espinosa ha admitido la obra en la casa, pero ha respondido que “no” fue condenado y que los trabajos de reforma tuvieron que ver “con la seguridad de la estructura, que con buen criterio se decidió reforzar”. Pero la cosa no se queda ahí: según publica hoy el periódico El País, el portavoz de Vox en el Congreso y su mujer, líder del partido en Madrid, hicieron en 2008 otra obra sin licencia en un chalé siguiendo el modus operandi del año 2005: compraron una casa, la reformaron, vivieron en ella y luego la vendieron en 2010.

Con el mismo método utilizado en casos anteriores, se limitaron a pedir una licencia para obras de conservación, se desentendieron de la tramitación y entretanto hicieron las obras de mayor entidad. La sentencia revela que Monasterio fue la directora del proyecto, aunque entonces no era arquitecta, siendo este el undécimo caso de irregularidades que carga a la espalda este matrimonio.