An Iranian woman walks past a mural on the wall of the former US embassy in the Iranian capital Tehran on May 8, 2018.
US President Donald Trump is due to make his decision on whether to rip up the 2015 nuclear deal and reimpose sanctions on Iran. / AFP PHOTO / ATTA KENAREATTA KENARE/AFP/Getty Images

Ya en mayo Estados Unidos desataba el conflicto rompiendo con el pacto nuclear iraní, forjado con la intención de limitar el acceso de Teherán a la bomba atómica. Recientemente, se ha agudizado el enfrentamiento y se extiende a nivel internacional: el pasado 7 de agosto, Washington reanudó su política de sanciones (desactivada desde 2015), y toda empresa que invierta en Irán se verá perjudicada, independientemente de su país de procedencia.

 

Con motivo de estos últimos movimientos, la Unión Europea, declarada partidaria del pacto y en defensa de la paz nuclear, ha promovido una política paralela. En este caso, se trata de la prohibición de salida de empresas europeas de Irán.

 

Se conoce como el Estatuto de Bloqueo, es un recurso que nunca se había utilizado por completo,   pues nació en base a la necesidad de resolución de asuntos con Cuba que finalmente se disuadieron mediante el diálogo. Ahora se pone en práctica para frenar la posible huída desesperada de empresas europeas ante las represalias estadounidenses.

Así pues, consiste en dos puntos básicamente; en primer lugar, como ya se ha especificado anteriormente, prohíbe a las empresas cumplir con las sanciones de EEUU. En segundo lugar, se otorgan poderes a los Estados miembros para multarlas si abandonan Irán.

 

La lucha de potencias deja a las empresas en una situación comprometida, pues independientemente de la elección, se tienen que prevenir ofensivas por parte de un bando o del otro.

 

La UE, por su parte, ha anunciado que, siguiendo su política, las empresas se verían capacitadas de reclamar indemnizaciones por el supuesto gasto que supondría quedarse y, además anula cualquier decisión judicial dentro del territorio europeo que les condene por mantener negocios con Irán. Sin embargo, esta protección se sigue viendo muy limitada, pues la mayoría de empresas también cotizan en EEUU.

 

En todo caso, desde Bruselas se quiere aclarar que su objetivo con la participación en esta “guerra” no es, en ningún caso, promover intercambios comerciales, sino más bien defender los derechos de las empresas europeas que tienen actividad en el país persa.

Otro factor que compromete su actuación es la posibilidad de que Irán decida abandonar el pacto. Con la gestión europea se trata de mantener cierta estabilidad y procurar que no se reactive la carrera nuclear.