Los intentos de Sánchez de crear un Gobierno de coalición junto con la formación morada, llegaron ayer a un punto y aparte debido al desencuentro que protagonizaron los dos líderes.


Las negociaciones no se estaban desarrollando como se esperaba en un principio desde ya unos días, cuando Unidas Podemos se abstuvo en la primera votación a la investidura e Irene Montero, la portavoz y una de los pesos pesados de Podemos, votó directamente “no” a la investidura. 
Después de la votación, PSOE y Podemos se reunieron, donde el primero lanzó una nueva propuesta con la que supuestamente iba a dar más peso a Podemos en el reparto de Ministerios.

Ese mismo día, a través de una llamada telefónica entre Sánchez e Iglesias, volaron todos los puentes a causa de acusaciones y filtraciones de propuestas que se habían hecho por ambos lados con el fin de imponerse en la batalla del relato.
Después del fracaso de las negociaciones, ha comenzado la cuenta atrás hacia unas nuevas elecciones, las cuartas ya desde el año 2015. Aunque, el PSOE tenga hasta el 20 de septiembre para “desbloquear” la situación y formar Gobierno, si antes de ese día nada cambia, arrancará el proceso para que el país vote de nuevo el 10 de noviembre.


Se vislumbra un panorama difícil para Pedro Sánchez, ya que por un lado, con la investidura fallida la desconfianza mutua con Pablo Iglesias se ha agravado. Por otro lado, Sánchez  se encuentra con un “no” anticipado por parte del PP y Ciudadanos, aunque haya apelado a estos a “desbloquear” la situación.


Aun así, parece que el camino más seguro para evitar otras elecciones pasa por el acuerdo con la izquierda, ardua tarea después de discursos muy duros contra Podemos protagonizados por el candidato socialista. Por si esto fuera poco, el líder de Podemos ha interpretado el veto del PSOE para que la formación morada entre al Gobierno como una humillación.