El pasado 13 de abril, en el palacio Euskalduna de Bilbao, a raíz de un mitin del partido de extrema derecha VOX, se produjeron una serie de altercados saldados con 5 detenidos y varios heridos.

Ante la indignación de varios colectivos acerca de la presencia de VOX en su ciudad, hubo diferentes llamamientos para asistir a protestar, a los cuales se unieron cientos de personas.

La tensión fue constante, y hubo arrojamientos de objetos contra las fuerzas de seguridad. La Ertzaintza, ante la escalada de violencia, respondió disparando proyectiles de foam contra los manifestantes, con cargas de antidisturbios, detenciones e incluso agresiones a la prensa.

Uno de los incidentes más graves fue el de una manifestante fue hospitalizada por una rotura de mandíbula causada por un proyectil. También se han cortado carreteras con contenedores ardiendo.

La repulsa que crean grupos reaccionarios como VOX, cuya respuesta se agudiza y radicaliza en zonas donde el conflicto nacional es evidente como en el País Vasco, son el principal elemento de agitación y campaña política de este tipo de partidos. Van allí donde el rechazo a los partidos nacionalistas es grande por diferentes motivos (Alsasua, Bilbao, Renteria…), y utilizan la respuesta violenta por parte de los indignados para criminalizar los movimientos contestatarios y para blanquear su programa.

Mediante el uso de imágenes de violencia, de gritos como “Españoles hijos de puta” y alguna que otra mención a ETA, tratan de engatusar a las miles de personas que viven en el resto de España y poder justificar así su programa electoral y que hace falta mano dura con esta gente. Nada nuevo para este tipo de partidos que se sirven de falacias y demagogia para ganar votos.

Por otro lado, las hostilidades entre los diferentes pueblos de España aumentan, separando a la clase trabajadora que es engañada por la cuestión nacional, cosa que solo puede obedecer a los intereses de la clase dominante.