El atractivo del país norteafricano radica en algo más que en su belleza y su interés cultural: para muchos empresarios españoles y europeos, se ha convertido en una Meca para hacer negocios “sin complicarse demasiado la vida”. 

Según informes de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), las inversiones extranjeras en Marruecos llegaron a los 2,66 mil millones de dólares en 2017. 

La Oficina de Cambio Marroquí anuncia que los flujos de IED alcanzaron el 25,9% interanual en 2018. Esto supone la cifra de 3,2 mil millones de dólares. Países como España, Emiratos Árabes o EEUU, están entre los que más invierten en Marruecos.

Además de grandes corporaciones, son muchos los medianos e incluso pequeños empresarios que se aventuran a establecer negocios en el país magrebí. ¿Las razones? Múltiples y muy ventajosas para los inversores: se dispone de mucha mano de obra de relativamente poca edad. 

La juventud es un factor importante, pero quizá el principal es el bajo salario de los futuros empleados. Con una asesoría adecuada, un empresario sin demasiada experiencia en el sector, puede establecer en Marruecos empresas hosteleras y de otros servicios, agrícolas, agropecuarias, centradas en el desarrollo de sistemas de energía renovable, de siderurgia y otras muchas.

Por otra parte, el país pretende establecer Casablanca como gran metrópoli y centro financiero del norte de África, en detrimento de áreas rurales y pequeñas poblaciones. 

Los privilegios que el gobierno de Mohammed VI propicia a los empresarios extranjeros, hacen de Marruecos un rico pastel que repartirse, por una parte entre Europa y EEUU, y por otra entre la oligarquía vinculadaa la monarquía alauí y a los países petroleros del área saudí.