Está claro que el independentismo no está pasando por su mejor momento. Si a finales de julio conocíamos a través del CIS catalán que el apoyo a la independencia había caído a su nivel más bajo en los últimos dos años y hace unos días se hacían públicos los problemas que se están dando entre los distintos partidos políticos secesionistas y las organizaciones sociales que hasta ahora les habían mostrado públicamente su apoyo, como Omnium y ANC, para organizar juntos la diada; hoy, además, conocíamos a través de El País que el apoyo de la ciudadanía catalana a los líderes independentistas está cayendo de forma abrupta debido al desacuerdo en sus estrategias y formas, que están llevando a la sociedad independentista a un desengaño respecto al Procés.

No se trata de que la ciudadanía haya renunciado a conseguir la independencia de Cataluña, pues según el CIS un 44% de los catalanes continúan defendiéndola y apuestan por ella. El problema que perciben los independentistas catalanes es que sus líderes se marcan unas hojas de ruta y unas estrategias inalcanzables, que minan la esperanza de alcanzar algún día una independencia real y efectiva. “Vivimos un momento de desconcierto en las bases”, afirmó la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, en una carta abierta al independentismo. “Cuando hemos trabajado juntos, con la sociedad civil movilizada, Govern y Parlament, es cuando más hemos avanzado en el camino hacia la independencia”, añadió.

Según dice la dirección de ERC, la actitud de las bases de la ANC tiene cierto color “antipartidos”, incluso antirrepublicana añaden. Fuentes de la organización social catalana lo niegan rotundamente e insisten en que la próxima Diada buscará, precisamente, mostrar que todos los grupos secesionistas tienen un objetivo común. Aun así, tras la crispación ciertos miembros de ERC, las bases de la ANC aprobaron cerrar la zona VIP a los políticos que siempre se montaba, para dar prioridad a la sociedad civil.