Alemania pretende inyectar 50.000 millones a su economía debido a que, como admitió el Bundesbank el país alcanzaría un periodo de recesión económica a partir del tercer trimestre del año, tras dos meses de retroceso de la economía. Lo cual implica que el resto de Europa se vaya a ver contagiada por este proceso de decrecimiento económico. 

El Brexit está suponiendo para Europa y, en especial, para la poderosa industria alemana, gran dependiente de las exportaciones, un debilitamiento de sus posibilidades económicas.

Además, la guerra comercial que se está materializando en el comercio mundial, en concreto entre China y EE. UU. Está llevando a que estos países también quieran aplicar medidas que retrasen o amenicen la  mencionada  crisis de la que, por el momento, desconocen las magnitudes.

Las mencionadas medidas que  están estudiando los gobiernos pretenden un estímulo fiscal. Por ello, Angela Merkel pretende que, con la inyección de 50.000 millones de euros (similar al estímulo desarrollado en la crisis de 2008), pueda reactivarse el dinamismo de su economía. 

A Alemania se le suman las dudas de Italia, país que se encuentra con una economía estancada desde el anterior trimestre y que se encuentra, de igual modo, antes las puertas de la crisis. 

Por su lado, los conflictos comerciales entre las potencias de China y EE. UU., hacen que ambos pretendan sumarse a las medidas de contención. China, por su parte, ha impulsado el acceso al crédito de empresas y familias, lo que supone la reducción del coste de los préstamos, así como también la inyección que ha introducido en su economía. 

Mientras, en EE. UU. niegan por completo que vayan a atravesar dicha crisis económica y que, en el caso de que empeorara la situación rebajarían los impuestos.