El gobierno de Erdogan inició hace cuatro días la ofensiva militar en la zona fronteriza con Siria, en la operación llamada “Manantial de Paz”, que ha dejado de momento 100.000 desplazados, 31 civiles y medio centenar de milicianos muertos, más de 150 heridos y 650.000 personas con necesidad de ayuda humanitaria urgente, según datos de la ONU.

La ofensiva ha sido lanzada por el propio ejército turco a la cabeza de Erdogan, con ayuda de La Coalición Siria de Oposición (un grupo que aúna varios disidentes de Al Asad), contra los milicianos kurdos que controlan el norte de Siria, las YPG-YPJ. Los dos grupos que han iniciado la ofensiva tienen por objetivo “combatir el terrorismo y reubicar a los 3,5 millones de refugiados sirios”. Señalan que las YPG-YPJ tienen vinculación al grupo turco PKK.

Las YPG-YPJ acusan a Erdogan de querer expulsar a la población kurda de sus territorios y de tener intereses imperialistas invadiendo territorio, como ya ha ocurrido en el cantón de Afrin, ocupado desde hace año y medio por soldados turcos y milicias aliadas. También acusar a Turquía el favorecer el resurgimiento del DAESH o ISIS, para desestabilizar más aún la región.

Se calcula que más de 14.000 soldados están participando en la ofensiva, y el gobierno ha utilizado cazas, misiles y morteros contra la población civil, lo cual ha obligado a los habitantes a evacuar la zona ante el peligro.