Aunque lamento decir que no para mejor. Por otra parte, es normal: analizando únicamente el aspecto del liderazgo, del tipo de líderes que nos gobernaban en los 70 y 80 – de una u otra ideología – se pasó a auténticas mediocridades como fueron Aznar y Zapatero, hasta llegar a un personaje grotesco como fue Rajoy.

¿Qué queda hoy día? Pues el resultado lógico de semejante progresión. Repasando de derecha a izquierda: Un vividor inútil al que sus asesores le prohíben abrir la boca, no se vaya a notar que no sabe articular una idea coherente; después el líder de un partido que representa, con letras mayúsculas, la corrupción en este país, con la mayor parte de sus dirigentes imputados ante los tribunales; ante semejante panorama, lo cierto es que pocos quedaban donde elegir, y fueron a escoger al que mejor planta y menos sesos tenía… pero ya se sabe que a la derecha la votan porque sí, como van a misa los domingos. Así que, total…

Después viene uno de mis preferidos: joven, apuesto, rompió en un momento dado con el sinsentido nacionalista catalán, a través de un discurso “moderado”. Sus simpatías por el nacional socialismo y su pasión por el azúcar glassé, sin embargo, pronto dejaron ver a las claras el tipo de personaje que es, realmente; por no hablar del control que mantiene sobre él la cúpula de ese otro partido, anteriormente citado, que conoce a la perfección todas sus cagadas privadas, y le amenaza constantemente con sacarlas a la luz, si no se comporta como un niño bueno.

En “la izquierda” no mejora el panorama, precisamente: un pasmarote tan lindo como resistente; pero pasmarote, al fin y al cabo, que sólo resiste por estar ahí calentando sillón, no con intención de cambiar nada en absoluto: en el Club Bilderberg ya le han dado las pautas para que no se pase ni un poquito de la raya y él, como buen esbirro, acata y calla; por último, en nuestro recorrido por esta parada de fenómenos, nos encontramos a la más diva, al más extraordinario de todos ellos, el que habiéndoselo puesto en bandeja como a Felipe II, tuvo el maravilloso talento para caer a las más bajas cotas de insignificancia, terminando de paso por disolver lo que quedaba de esa pseudo-izquierda tan progre e insustancial… tal y cómo fue, desde el principio, el deseo de quienes le pusieron ahí.

De los políticos nacionalistas, mejor no hablar; cuando te crías en un entorno desacomplejadamente degenerado, el nivel que se alcanza trasluce hasta en sus rostros: pura imbecilidad de diagnóstico reservado, ejemplares para guardar en formol como muestras de deformidades congénitas.

Todo ello, gratinado por el festival posmoderno del despropósito, que tan bien representan las payasas de este feminismo triunfante, que tanta y tan deshonesta competencia le hace al Mundo Today.

En fin queridos, que la endogamia de una familia de hill-billies, perdidos en los bosques de las Montañas Rocosas, se queda en exquisita selección de vivero, en comparación.

Puede que lleguemos a añorar ese color gris tan inofensivo de la mediocridad, os lo aseguro. De nosotros depende.

Por Javier Ballstoucher.